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La atracción gravitacional que se ejerce sobre las aguas marinas por la luna y en menor medida por el sol, causa un movimiento de ascenso y descenso de las mismas que se denomina marea. Definiéndose como pleamar el máximo nivel que las aguas alcanzan y como bajamar el mínimo, siendo esta diferencia de nivel entre pleamar y bajamar el potencial energético de la marea.
Esta diferencia de nivel varía de un lugar a otro del planeta, siendo de pocos centímetros en el mar Mediterráneo y alcanzando alturas de varios metros en determinados lugares de la costa atlántica.
Este potencial que la marea posee, puede aprovecharse mediante la construcción de una presa dotada de compuertas que permitan embalsar agua marina hasta la pleamar y establecer una central hidroeléctrica que turbine el agua retenida a lo largo del periodo de bajamar, produciendo energía eléctrica.
Este tipo de aprovechamiento que tiene su origen en los primitivos molinos de marea, requiere para ser rentable el disponer de una diferencia de nivel entre la pleamar y la bajamar de al menos 6 metros. No hay en el mundo muchas localizaciones costeras con esta característica y si además se añade la posibilidad de cerrar la ensenada con la construcción de un dique, el numero se reduce a no mas de 15, entre las que se encuentra la Bahía de Fundy en Canadá que posee un salto de unos 12 metros y si se dispone una presa de 8 Km de longitud nacería una central capaz de producir 11.700 Gwh al año.
Esta fuente energética es absolutamente predecible y gestionable, pero tiene un alto coste de instalación y también de mantenimiento, así como un elevado impacto medioambiental causado tanto por el proceso de su construcción como por la alteración que la bahía cerrada por la presa sufrirá en su hábitat. Razones estas que hacen muy poco probable el que se construyan mas centrales mareomotrices en el futuro.
En el presente hay solo tres instalaciones de este tipo funcionando y con producciones significativas, siendo la mas importante y conocida la situada en el estuario de La Rance, en La Bretaña francesa, fue inaugurada en 1967 y una potencia instalada de 240 Mw ,constituida por 24 grupos, formado cada uno de ellos por un alternador arrastrado por una turbina bulbo, tipo Kaplan, con una potencia unitaria de 10 Mw y con un alto coste de mantenimiento pues cada grupo debe ser totalmente renovado cada 10 años.
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